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ANCIANOS: LOS GAYS INEXISTENTES

 

Antonio Antón, periodista, fue editor jefe de la revista Málagagay y es una activista de profundas convicciones democráticas e inquietudes sociales. Sorprende leer este artículo. Tras su lectura, si uno se para a pensar que fue publicado en 2001, hace 8 años, ¿en qué se ha avanzado?.

 

Invisibles, despreciados y olvidados los homosexuales, lesbianas y transexuales de más de 65 años son actualmente el sector de la comunidad gay más vulnerable por la doble discriminación a la que se ven sometidos tanto por su edad como por su  orientación sexual. Una discriminación que es más dolorosa e hiriente cuando viene de quienes tienen las mismas tendencias afectivas que ellos. La falta de servicios sociales específicos, el desigual trato que la legislación les da respecto a sus compañeros de generación heterosexuales en materia de derechos, la nula voluntad política para tratar su realidad y dar respuesta a sus necesidades, la inexistencia de una decidida apuesta reivindicativa a su favor dentro del movimiento asociativo o los insultos y malas miradas que los hacen generalmente aislarse y evitar los locales de ambiente dan una idea de la situación a la que se enfrentan estas personas en la etapa final de sus vidas dentro de una sociedad que rinde un tiránico culto a la juventud y a la belleza y les obliga a permanecer e incluso a regresar al armario.

 

 

ANCIANOS: LOS GAYS INEXISTENTES

 

TEXTO: ANTONIO ANTON

 

1012_AGING03X395[1]Casi todas las culturas, las que están vivas y las ya desaparecidas, han tenido en sus mayores una fuente de sabiduría y experiencia respetada y tenida en cuenta, cuidada como un preciado bien. La sociedad occidental de hoy en día ha cambiado ese concepto y posterga a los ancianos, a los que se ve más como una molestia que como seres que puedan aportar algo y de los que prácticamente nadie se ocupa. La juventud, la belleza, la innovación y la productividad son en el nuevo milenio, los valores en alza que la publicidad y el mercado se encargan de exaltar y potenciar, mientras los viejos quedan condenados a ser ciudadanos de segunda categoría.

 

Este hecho se hace más evidente cuando se trata de homosexuales, lesbianas y transexuales que han pasado la barrera de edad en la que socialmente ya no se considera útiles a las personas. En este caso, sólo se puede hablar de desigualdad. A no ser que se tenga una situación económica saneada que asegure que una vez llegada la jubilación se pueda mantener la independencia y el estilo de vida que se desea, las opciones para este sector de la población se reducen a la mínima expresión ya que se vuelven una carga para los familiares, prefieren no hacer uso de las prestaciones sociales públicas para la tercera edad porque están diseñadas bajo una óptica exclusivamente heterosexual y no se sienten parte de los cacareados conceptos de “nueva identidad gay” y “mercado rosa” porque la discriminación más cruel es la que sufren por parte de los jóvenes de su misma condición sexual con sus miradas despreciativas, o directamente con el insulto, si se atreven a tomar una copa en una bar de ambiente; jóvenes que no se paran a pensar que algún día estarán en parecida situación.

 

Las mismas asociaciones que tanto están luchando por la equiparación de derechos del colectivo gay adolecen en sus programas de líneas de acción para acabar con la desigualdad legal a la que se enfrentan sus mayores y, en muy contadas ocasiones, las únicas actividades que fomentan en relación con los ancianos son de voluntariado en ayuda domiciliaria para aquellos que precisan cuidados por su estado de salud, supliendo, con mejor intención que efectividad, la oferta que tendría que venir, necesariamente, de las administraciones.

 

OCULTOS

 

Tímidamente, algunas voces dentro del movimiento reivindicativo están dando la señal de alarma sobre la necesidad de enfocar acciones y lucha para lograr que la igualdad legal llegue también al ámbito de los mayores del colectivo y acabar con la actual desprotección que sufren. Las personas que son viejas ahora han tenido pasar de una época de brutal represión contra todo lo que pudiera parecer homosexual durante el franquismo a la libertad democrática y. últimamente. a la visibilidad y a la moda de salir del armario que les ha pillado con una edad ya avanzada, por lo que la mayoría han preferido no dar ese paso y mantener sus tendencias sexuales ocultas.

 

Para hacerse una idea de ello basta con hablar con los trabajadores sociales de los hogares del pensionista que la Junta de Andalucía tiene abiertos en los barrios de La Trinidad y el Perchel en Málaga. Estos profesionales coinciden en que entre los usuarios de estos centros seguramente hay gays y lesbianas, pero que en ningún caso lo reconocen abiertamente, principalmente por el miedo al rechazo de sus compañeros, ya que el tema de la homosexualidad sigue siendo “algo tabú y no les entra en la cabeza”. Desde estos establecimientos públicos señalan también que, aunque son muchas las asociaciones de toda índole que acuden para ofrecer charlas y coloquios sobre temas de actualidad muy variados, nunca han recibido una solicitud para realizar este tipo de actividades por parte de los colectivos gays, a pesar de que aseguran que no tendrían ningún problema en programarlas. “Según la ley, que lleva vigente 25 años, los Centros de Día para mayores existen para el fomento de la tolerancia y la solidaridad, pero, desgraciadamente, no se cumplen estas funciones porque los mismos usuarios no acuden a las charlas de temas que puedan resultar molestos”, reconoce Francisco Márquez, trabajador social del Hogar del Pensionista de La Trinidad.

Desde el ámbito público no se contempla la posibilidad de que los ancianos puedan tener una condición diferente a la heterosexual, ya que también es cierto que en nuestra sociedad es muy común la creencia de que a determinadas edades se pierde el deseo y se obvia que la tendencia no viene dada sólo por la genitalidad, sino también por la afectividad.

 

Esta mentalidad hacia lo que es la vejez provoca que en residencias, asilos, centros de acogida, hospitales o grupos de voluntarios se pongan muchas veces, quizás sin ser conscientes de ello debido al desconocimiento de su problemática concreta, trabas a los ancianos para que puedan expresar libremente su identidad. Todavía muchos médicos y asistentes sociales tratan de forma diferente a los viejos que se atreven a comunicar su tendencia sexual, por lo que incluso aquellos que han sido capaces de admitirlo durante su juventud o madurez se ven obligados a volver al armario cuando se pierde la pareja, la familia los olvida o los amigos cercanos van muriendo y no queda más remedio que acudir a estos servicios para evitar la soledad y el aislamiento.

 

Aunque no existen  a nivel nacional estudios sobre los gays ancianos, en Estados Unidos han empezado a surgir asociaciones que agrupan a este sector y defienden sus derechos y que han realizado algunos análisis sobre sus problemáticas y situación. Según estos informes, existen actualmente entre casi dos millones y tres millones y medio de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales en este país y se prevé que esta cifra superará con creces los cuatro millones en el año 2030.

 

LEGISLACION

 

Este panorama es extrapolable a España por lo que el reto todavía no atendido es conseguir de una vez acabar con las desigualdades legales que sufre, y que seguirá sufriendo si no cambian las cosas, este sector. Además, la tendencia es la del creciente envejecimiento de la población debido al descenso de la natalidad, por lo que los gays que ahora salen libremente del armario serán en cuatro o cinco décadas, al contrario que en la actualidad, viejos que han vivido la libertad, pero que se encontrarán con los mismos problemas de soledad, ostracismo y discriminación si no se adecuan las normativas.

 

España es uno de los países más atrasados de la Unión Europea en los que a legislación sobre la tercera edad se refiere. Mientras otros países comunitarios han puesto en marcha políticas sociales que incluyen medidas de solidaridad y protección social a sus ancianos y han reformado sus normativas para ofrecer las mismas condiciones de igualdad y no discriminación a todos los mayores, sea cual sea su orientación sexual, aquí la legislación permanece estancada en su presunción de heterosexualidad para los viejos.

 

Los gays y lesbianas no tienen reconocido el derecho a la pensión de viudedad o a ayudas en caso de que su pareja muera o enferme gravemente y sólo pueden alcanzarla metiéndose  en un complicado laberinto de reclamaciones judiciales. Las uniones de hecho entre hombres o mujeres no gozan de los mismos beneficios que las familias en lo que se refiere a la herencia, por lo que al morir uno de los miembros, el otro corre el riesgo de quedarse sin patrimonio o sin derecho a la vivienda compartida. Las residencias públicas pueden negarse a que una pareja del mismo sexo comparta habitación. A pesar de que los homosexuales y lesbianas al llegar a la vejez tienen sus vínculos afectivos y son atendidos por amigos y pareja más que por parientes consanguíneos, no se  considera a aquellos del núcleo familiar por lo que no pueden tomar decisiones en cuanto a intervenciones médicas o decisiones legales importantes. Tampoco se están promoviendo la formación especializada de asistentes y trabajadores sociales que conozcan y sepan atender las demandas concretas de este grupo.

 

Desde la comunidad autónoma andaluza se está intentando subsanar algunas de estas deficiencias. El borrador de la nueva Ley de Parejas de Hecho que ha elaborado la Consejería de Asuntos Sociales de la Junta de Andalucía, y que han anunciado que se intentará llevar al Parlamento autonómico antes de que finalice el año, no exige tiempo mínimo de convivencia a este tipo de uniones con lo que se equipararían en derechos a los que tienen los matrimonios en esta comunidad, como el poder compartir habitación en residencias de mayores. El problema está en que sólo se aplicaría esta ley en aquellos derechos relativos a las competencias que están delegadas en la Junta, porque una normativa autonómica no puede dejar sin valor leyes de ámbito nacional y el Gobierno central no ha dado muestras aún de ir a lanzar una ley sobre parejas de hecho.

 

Las lista de asuntos por resolver en el tema de la vejez de gays, lesbianas y transexuales por las instituciones y las organizaciones sociales es muy larga y no se están previendo las nuevas problemáticas que irán surgiendo.

 

PENDIENTES

 

Una de las que ya se apuntan es la que derivará de la intrínseca naturaleza de la cultura gay actual, donde se preconiza vivir al día, el consumismo y uniones afectivas, sin derecho a adopción de hijos, en la que el dinero se emplea más en alcanzar un nivel de vida alto y en belleza y moda más que en ahorrar. En Estados Unidos ya se advierte la presencia de un nuevo tipo de pobre cuyo perfil responde al del homosexual que ha seguido esta pauta y que al jubilarse no es capaz de hacer frente a los crecientes gastos que exige la vejez en salud y vivienda y que ve recortados sus ingresos por un tipo de sistema de pensiones que es ventajoso para las mujeres y las familias, pero no para los hombres que legalmente se consideran como solteros, aunque lleven muchos años de convivencia, algo muy similar a la situación española.

 

Hoy por hoy, los más afortunados son aquellos que han sabido guardar para cuando fueran ancianos y que llegan a la etapa final de su existencia con holgados medios y que han dejado todo dispuesto legalmente para no ser una carga para sus familias, para no dejar sin patrimonio a sus parejas o poder dejar herencia a personas que no son familiares directos, aunque esto último es muy complicado y supone pagar una gran cantidad de dinero en impuestos. En este caso, se puede elegir una residencia privada, donde no suele haber problemas para compartir vivienda con un compañero sentimental del mismo sexo, y también pagar viajes, actividades o el tipo de vida que se quiera llevar, casos que hoy son todavía excepcionales.

 

Un hecho curioso es que aunque en España la situación legal no sea precisamente favorable para las personas gays de la tercer edad, muchos ancianos homosexuales y lesbianas eligen este país como residencia después de su jubilación. Así lo hicieron Alex y Oscar, una pareja de holandeses que vive ahora en una residencia de mayores internacional en Cerrado de Calderón desde hace dos años.

Alex tiene 71 años y es profesor de canto clásico y fue un reputado cantante de ópera en su país natal, mientras que Oscar, de 73 años, era director en un banco. Cuando eran jóvenes se prometieron que se jubilarían los dos a la vez y que vendrían a pasar la vejez a España (de donde les gustaba el clima y el carácter de la gente), una promesa que se tuvo que cumplir antes de lo esperado por los problemas de salud de Oscar que le obligaron a retirarse con 58 años.

 

Durante quince años permanecieron en una finca que compraron cerca de Figueras hasta que conocieron la residencia en la que ahora están, les gustó y pidieron plaza por los servicios y atención que ofrece este establecimiento. Su vida, después de 46 años de relación, discurre tranquilamente y aseguran que no han tenido problemas de rechazo en la residencia, a pesar de ser la única pareja gay, al igual que nunca los tuvieron en Holanda.

 

image002Alex sigue formando a cantantes de diferentes nacionalidades que acuden a su hogar y reconoce que su situación es en cierta forma privilegiada porque sigue en contacto con la juventud y realizando el trabajo artístico que siempre le ha apasionado, al tiempo que opina que España es un país que ofrece muchas ventajas a los homosexuales porque el talante y la mentalidad son bastante abiertos.

 

Los alicientes para esta pareja son los viajes y la cultura ya que se desplazan con frecuencia a Ámsterdam y Barcelona para acudir a espectáculos operísticos y disfrutan también con las exposiciones y conciertos que se programan en Málaga.

 

La ley holandesa les ampara en caso de fallecimiento de uno de ellos, ya que allí los gays tienen reconocido el derecho a una pensión de viudedad. Como residentes extranjeros ven muy altos los impuestos que se exigen en España para poder dejar herencia dentro de la pareja.

 

LA VEJEZ ES FEA, FEÍSIMA

 

El escritor y periodista Eloy Rosillo reflexiona para Malagay sobre la vejez. Nacido hace 69 años en Madrid, niño de la guerra y habiendo sido, en el ámbito familiar, educado “en la izquierda del respeto y la tolerancia”, Rosillo ha sido un hombre ávido de conocimiento -se define como “un culo inquieto”- lo que le ha llevado a viajar por medio mundo y a trabajar en diferentes medios de comunicación como Radio Nacional de España, Radio Juventud, Radio Popular o las revistas “Radio Cinema”, “Dígame”, “Sábado gráfico” o “Cine en 7 días” y el “Diario de la Costa del Sol” y a ser el editor, bajo el pseudónimo de Luis Arconada, de la primera publicación gay en España, “Party”, que se editaba en Barcelona. Ahora se dedica a la literatura. y entre los libros salidos de su imaginación. están la obra poética “Espero del mar, esperé del hombre” y las novelas “Simplemente Lola”, “Y así fue cada tarde” o “Nunca más gritaré”.

 

Sin pelos en la lengua y con un fino sentido del humor, Rosillo dice que la “la vejez es fea, feísima” y cree que el problema más visible para los ancianos gays “es el del rechazo. Es fácil aún escuchar -si es que no estás ya sordo- `viejo de mierda’. Entras en un club y no es que no te miren, es que no te ven: eres el hombre invisible. Los viejos miramos con admiración a los jóvenes, a algunos. Es el placer de la contemplación, es hermoso, casi poético. Personalmente, no intento ligar porque tengo un gran sentido del ridículo; de respeto a la distancia física y psíquica.  Aparte de que haya algún gerontofílico, en general me parece más digno mirar y soñar. Es preferible retirarse a tiempo a que te larguen de un manotazo y te quiten de en medio”.

 

Sobre los jóvenes comenta que “si antiguamente la juventud escuchaba, se acercaba a `sus mayores’ para aprovechar sus enseñanzas, hoy, con el infinito mayor bombardeo de la información/desinformación, hay juventud que se cree maravillosa. Habría que recordarles lo que decía Jardiel Poncela: `La juventud es la única enfermedad que se cura con los años’. No se dan cuenta de que viven colonizados por la moda -los más gilipollas dicen `fashion’-, la cultura de la hamburguesa y la coca cola. Viven, piensan y se mueven uniformados. ¿No se dan cuenta? Pues una mayoría, no”.

 

Preguntado sobre si hay interés por los viejos en las asociaciones gays y qué valoración hace de ellas, afirma que “les importamos un rábano. Te dicen que están las puertas abiertas a todos… pero ves sus programas y todo es para jóvenes, con jóvenes. Mi valoración de ellas es más bien… baja en calorías, muy baja. Inclusive, si entras en alguna de ellas y observas que algunos de sus miembros van a soltar plumas (que me parecen hasta divinas), otros a ligar, unos pocos pretendiendo hacer política y algunos cabecillas descaradamente a trepar, a colocarse los primeros en la foto. Y el que se mueve….”

 

Aunque admite que no tuvo la necesidad de reconocer públicamente su condición porque ser homosexual “no estaba mal tolerado en el mundo en el que me moví”, hace un chiste macabro y espeta que “respetando muchos a mis viejos -y, claro, a mí mismo- a partir de los 65 ó 70 ya no se sale del armario, se sale del sarcófago. Y los más pudientes, del quirófano con alguna arruguita de menos. A estas edades, si fuiste vencido, ¿le vas a decir a tus hijos, a tus nietos: `nenes, el abuelo es maricón’?. Y si no fuiste vencido. ¡Hala!, a aprovechar que son cuatro días”.

 

A Rosillo le alarma especialmente “la falta de respeto y el bajo nivel de educación y cultura” que hay en la actualidad y que “se mide a la gente por lo que tiene, no por lo que vale”. Asegura que con cierta edad el amor ya no se centra en el sexo y que “encuentras otras cosas que son muy positivas. Yo, por ejemplo, soy feliz con un libro nuevo”.

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